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La Coctelera

a1fpablo

24 Abril 2006

SEMANA SANTA

La Semana Santa de Medina de Rioseco hunde sus raíces, como casi todas, en las pujantes asociaciones gremiales surgidas al abrigo del florecimiento del comercio y los más variados trabajos artesanales. Aunque datan del siglo XIII, muy anteriores a las ordenanzas gremiales de los Reyes Católicos, su verdadera expansión tiene lugar entre los siglos XV y XVI. Bajo el señorío de la familia Enríquez, los Almirantes de Castilla, con su poder y prestigio, Medina de Rioseco se engrandece; los privilegios reales la convierten en una ciudad con un floreciente comercio, celebrando ferias y mercados que la enriquecen hasta el punto de ser llamada "La India Chica", con más de doce mil habitantes, de los que, se dice, mil son millonarios.

La llegada a la ciudad, en esa época, de la orden franciscana aporta una religiosidad sencilla y humana que había de ser captada fácilmente por el pueblo. Según los estudios del historiador D. Esteban García Chico, son los franciscanos los que fundan o colaboran en la fundación de los primeros esbozos de cofradías tales como la del Santísimo Cristo, la del Cordón o la de la Tercera Orden.

Muchos de los gremios riosecanos, que ya realizaban actos de beneficencia y practicaban el culto a su patrón, se vinculan a estas cofradías, acudiendo con ellas a las fiestas solemnes y distribuyendo en común ayudas a los más desfavorecidos. En sus pequeños hospitales se asistía a enfermos, se acogía a peregrinos y se ayudaba a los ancianos. Además se encargaban de enterrar a los muertos, socorrían a los pobres, daban dote para su matrimonio a las doncellas humildes y celebraban sufragios para los difuntos

Pronto, estas incipientes cofradías de gremios se agrupan en grandes archicofradías y cofradías penitenciales. A su amparo, por tanto, nacen las tres grandes Cofradías Penitenciales de Medina de Rioseco, y con ello sus desfiles procesionales.

La primera gran cofradía que se fundó en Medina de Rioseco, en fecha sin determinar de finales del siglo XV o principios del XVI, fue la de la Vera Cruz, unida a la orden franciscana y auspiciada por el almirantazgo de Castilla, casa regida entonces por el primer duque de Medina de Rioseco, D. Fadrique Enríquez de Velasco. Poco después, el primero de mayo de 1574, aparecerá la Cofradía de la Quinta Angustia y Soledad de Nuestra Señora, en la capilla del Santo Cristo de la iglesia parroquial de Santa María de Mediavilla, y en el año 1598, con sede en la iglesia de Santa Cruz, la de la Pasión de Nuestro Señor.

El ambiente de finales del siglo XVI era propicio para el rápido desenvolvimiento de estas Cofradías; en aquellos días las muchedumbres practicaban obras de caridad y actos de penitencia y cada cofradía o hermandad tenía sus normas con derechos y obligaciones, siendo sus objetivos principales el auxilio mutuo entre los hermanos y una amplia gama de fines sociales y religiosos.

Las cofradías construyen sus capillas e iglesias propias dando lugar a la celebración de grandes fiestas, tanto religiosas como profanas. La Vera Cruz erige en 1592 una capilla propia al lado del hospital que ya regentaba, en la actual calle de la Doctrina, el "Hospital de Convalecientes" para enfermos sin "calentura". También la Cofradía de la Quinta Angustia, que pronto adquiere gran esplendor, erige, junto a la iglesia de Santa María, el "Hospital de los buenos hombres del trabajo" y construye un nuevo edificio donde rendir culto a la imagen de la Soledad. Una suntuosa capilla donde intentan celebrar misas, novenas y hasta abrir enterramientos. Choca esta intención con la parroquia de Santa María, por estimar que perjudicaba sus derechos, y en octubre de 1648 han de firmar una escritura de concordia "por quitarse de pleitos y diferencias". De los edificios construidos por esta cofradía (hospital, capilla, y salón donde instalar sus pasos) sólo queda éste, levantado en el año 1664 y de donde salen en la actualidad los "Pasos Grandes".

La cofradía de la Pasión conforma, en unión de las dos anteriores, el primer acontecer de una inquietud pasional cuyo esplendor lo constituye una época que define la cofradía barroca.

Las celebraciones religiosas de estas cofradías, en un primer momento, tienen una misión didáctica, con representaciones escénicas populares sobre lo que el pueblo oye en los sermones: los Autos de Pasión. Pero la iglesia se queda pequeña para los fieles y cofrades que quieren participar de la Pasión y muerte en cruz de Jesucristo. Salen entonces las cofradías penitenciales, estimuladas además por las Bulas y Privilegios del papa Paulo III, a hacer manifestaciones públicas de penitencia en forma procesional los días de Jueves y Viernes Santo, demostrando que son días de arrepentimiento y perdón. Las ordenanzas obligaban a los cofrades a hacer una procesión solemne y a llevar en ella túnica e insignias de la cofradía, a disciplinarse en esa procesión y a los cofrades de luz a ir con hachas alumbrando.

Así debía de ser Medina de Rioseco en el siglo XVII, en pleno esplendor barroco, según Ventura García Escobar

El imaginero Juan de Juni, que falleció en 1577
mientras trabajaba en Medina de Rioseco

En principio las penitenciales no desfilan con conjuntos escultóricos, basta con una sencilla cruz o una tosca imagen de tela encolada acompañando las largas filas de disciplinantes y hermanos de luz, pero pronto surgen los escultores que realizan escenas que representan los momentos más culminantes de la Pasión y que las gentes comprenden enseguida porque las imágenes y sus atuendos están sacados de la misma entraña del pueblo. Nace el paso procesional.

Es Zamora la ciudad que por primera vez, saca sus pasos a las calles, Medina de Rioseco lo hace en el año 1605. En nuestra ciudad, por tanto, se viene celebrando una tradición que se acerca a los cuatro siglos con pasos procesionales.

Las cofradías comienzan a encargar estos conjuntos en los que el sufrimiento, el dolor, la injusticia y la sinrazón, se plasman en imágenes magníficamente esculpidas por los maestros más importantes de la imaginería religiosa de los siglos XV, XVI y XVII (Rodrigo de León, Gregorio Fernández, Juan de Juni, Mateo Enríquez, la familia Sierra, Muniátegui, Tudanca etc...). Florecen los talleres y escuelas de imagineros, las cofradías riosecanas, ilusionadas, deciden "andar todos los pasos" y las procesiones se llenan de fieles. Las divergencias surgidas entre las cofradías se superan con la firma de una "concordia" que reglamenta las primeras procesiones.

En esta primera época, aunque no se dispone de detalles de las cuentas administrativas, ni del número de hermanos de cada entidad, el sostenimiento económico de las hermandades se basa en los arrendamientos y ventas de sus propiedades rústicas o urbanas, los censos sobre cóngregas y gremios, las cuotas anuales, multas y limosnas de los propios penitenciales, e incluso en la explotación de corrales de comedias o el alquiler de pozos de nieve.

Las procesiones marchan con esplendidez en su forma externa, aunque las Cofradías se resienten del gran esfuerzo económico realizado y las hay que se ven obligadas al empeño de sus bienes o bien al adelanto pecuniario que hacían sus priostes o mayordomos. Ya en 1690 el visitador del obispo palentino comenta sobre la Quinta Angustia que "no han entrado cofrades que sirvan a esta cofradía por cuya causa se halla hoy sin mayordomo y en lugar de él sirven cuatro diputados". Es el reflejo de la delicada situación económica que sufre la población en general y el miedo de que se les cargara con el peso de la mayordomía.

EL OCASO (Siglos XVIII a XIX)

Con el paso del tiempo las cofradías barrocas entran en crisis por su propia situación interior, las vicisitudes históricas, sociales y económicas de España y las nuevas corrientes religiosas impuestas por la realeza y la época de la ilustración.

En el año 1773 Medina de Rioseco había reducido sus habitantes a un número aproximado de 3.350. En aquel entonces se censaban 65 cofradías, distribuidas de esta forma: 23 en la Parroquia de Santa María, 19 en la de Santiago, 15 en Santa Cruz y 8 en el Convento de San Francisco.

Entre estas cofradías, en las que se suceden modificaciones de sus raíces penitenciales, ya aparecen algunas de las actuales. Se sostenían con los fondos y rentas que anualmente, y en partes iguales, aportaba cada cofrade; hasta que llegan los procesos desamortizadores que acaban con las fuentes principales de ingresos de las cofradías. En esa época se funda, además, una congregación de sacerdotes cuya misión era cuidar y alimentar a los pobres enfermos encamados en sus mismas casas, con lo que desaparece también la finalidad asistencial de aquellas provocando un aletargamiento que las llevó casi a su desaparición.

El cambio de mentalidad religiosa y la critica del clero ilustrado provocan los edictos de Carlos III, que el 20 de febrero de 1777, prohibe los disciplinantes empalados y penitentes de sangre; en 1780 decreta la suspensión definitiva de la tarasca y los gigantones del Corpus; y finalmente el 25 de junio de 1873 promulga el decreto de extinción de las cofradías. Por dicho Decreto, desaparecían las gremiales y las que no tenían aprobación civil o eclesiástica.

Libro de la Cofradía de la Quinta Angustia y Soledad. 1686

El momento definitivo, con todo, surge en 1798. Este año por Real Cédula se ordena la venta de los bienes de tipo benéfico y eclesiástico y entre ellos los propios de las cofradías.

Con la aplicación de estas normas, las Cofradías de Semana Santa, si querían subsistir, tendrían que redactar nuevas reglas y someterse por completo a la jurisdicción real. La renovación de las reglas concretamente incidió en las cofradías riosecanas con la supresión de unas y la conversión de otras al estatus civil.

A partir de entonces las cofradías fueron desapareciendo de igual manera que surgieron, quedando pocas al finalizar la guerra de la independencia, un nuevo golpe para la maltrecha ciudad, que arrasó hombres y haciendas. El 14 de Julio de 1808, en el teso de El Moclín, las tropas galas vencen a las españolas y miles de soldados franceses toman la ciudad de forma especialmente cruenta, con matanzas y ultrajes, saqueo de tesoros, incendios de casas e iglesias... Aún así, existen indicios de que durante la ocupación francesa se siguen celebrando los desfiles procesionales, que los invasores consideraban como un elemento pintoresco inherente al pueblo español.

El estrambote de lo que para las cofradías había supuesto la desamortización de 1798, son los decretos de la Desamortización Eclesiástica de Mendizábal, promulgada en 1836, en esta, mucho más dura, se llegan a desmontar pasos para su enajenación y algunos quedan destruidos por la sencilla razón del cierre o clausura de conventos o edificaciones religiosas.

Desaparecen entonces en Medina de Rioseco las actividades cofradieras, pero la actividad procesional continúa latente. Es obvio que muchas de esas normas oficiales, por lo menos en alguno de sus detalles fundamentales, no se cumplieron. Estudios concretos nos demuestran no sólo que las celebraciones pasionales continuasen vivas y permanentes, sino que algunas cofradías se mantuvieron con normal actividad. Han sido ellas, por consiguiente, el soporte institucional de la celebración de la Semana Santa. Gracias a su labor en los momentos difíciles ha sido posible conservar la manifestación de fe, depositada en ellas por el pueblo creyente, bajo el patrocinio de un sinfín de advocaciones.

LA ACTUALIDAD (Siglos XIX a XXI)

Desde mediados del siglo XIX hasta los primeros años del XX, se encuentran indicios de recuperación de las cofradías y hermandades de Rioseco, si bien reorganizándose o fundándose otras e incorporando nuevas tallas a sus conjuntos procesionales, llegando en ese periodo casi todas al estado que mantienen en la actualidad. Así, La Oración del Huerto desconoce la fecha de su fundación, La Flagelación se reestructura en el año 1814, Jesús atado a la Columna lo hace en 1910; Ecce Homo en 1850; los dos Nazarenos hacia el año 1890, la Desnudez en el año de 1828, el Cristo de la Pasión en 1828, la Dolorosa durante el siglo XVIII, el Cristo de la Paz en 1728 (aunque no resurge procesionalmente hasta 1952), la Crucifixión y el Descendimiento se mantienen desde el siglo XVII, la Piedad en el año 1885, El Santo Sepulcro en 1883, la Soledad a finales del siglo XIX y La Resurrección en 1849.

En esa época el programa actos de la Semana Santa lo organiza el Ayuntamiento de acuerdo a las normas del Clero, circunstancia manifiesta como cuestión singular del Cabildo que expresa sus deseos de que estas celebraciones sean solemnes, brillantes y tradicionales.

Gastos de mayordomía del Cristo de la Pasión. 1900.

No podemos determinar el año en que se inicia el patrocinio del Ayuntamiento, pero un programa que se conserva de 1900 dice; "El ilustre Ayuntamiento de esta Ciudad en el deseo de demostrar una vez más el interés que le inspira dotar a las procesiones y fiestas de Semana Santa de la mayor solemnidad y brillantez posible, de acuerdo con los Gremios y Hermandades ha organizado el siguiente PROGRAMA"

Durante años, se contemplan en los presupuestos municipales las cuentas resultantes de los gastos de la Semana Mayor, y en las liquidaciones aparecen las aportaciones realizadas por las Hermandades, cantidades muy modestas y además irregulares, ya que las cuantías difieren considerablemente.

Hoja de gastos del Ayuntamiento con motivo de la Semana Santa de 1947. 4503,20 de las antiguas pesetas.

Las procesiones riosecanas de Semana Santa salen a la calle sin interrupción durante todo el siglo XX, a pesar de las vicisitudes de la Segunda República, cuya nueva Constitución impide el patrocinio de cualquier tipo de manifestación religiosa desde las entidades públicas, con lo que el Ayuntamiento ha de suspender sus aportaciones. No se encuentran en Rioseco referencias a posturas o agresiones del anticlericalismo reinante en la época y sí la conciencia de la cofradía como manifestación pública de la voluntad popular; es más, en plena efervescencia republicana (1932) sale por vez primera la procesión de las Palmas del Domingo de Ramos. Posteriormente, durante la guerra civil y adscrita la ciudad desde un primer momento al bando nacional, la única preocupación es la protección de las imágenes procesionales en lugar seguro (incluso domicilios particulares) ante posibles bombardeos u otros desastres que, por fortuna, no se produjeron.

Tras la confrontación, el Ayuntamiento retoma la preparación de los actos y en 1951 la Alcaldía promueve la necesidad de organizar una Junta de Semana Santa, para ello se citó a varios hermanos de cada cofradía y surge la primera Junta, con un desenvolvimiento más que testimonial. En esa época (1959) por las circunstancias devenidas del estado de los templos de Santa Cruz y San Francisco se ha de reorganizar la procesión de Jueves Santo, sumándose a la misma las hermandades herederas de la cofradía de la Pasión que salían en la mañana de Viernes Santo.

Sobre el año 1965, se reconstituye la Junta Local de Semana Santa. Los nuevos directivos acometen una serie de trabajos consiguiendo importantes logros. Es en esa época, en el año 1.969, cuando se fija el orden procesional y los itinerarios de la manera que conocemos actualmente y se comienza la restauración de algunas imágenes.

En 1974 se produce una renovación de la Junta. Con el esfuerzo de todo el cuerpo cofradiero se funda la Sede Social y se aprueba, el 23 de mayo de 1980, el Reglamento vigente hoy, refrendado por el Arzobispado de la Diócesis el 17 de marzo de 1981. A partir de ese momento se inician sus actividades con total independencia de los organismos oficiales, especialmente del Ayuntamiento, a pesar de que éste no regatee esfuerzos, ayudas y colaboraciones económicas y sociales. La Junta soporta el presupuesto de las celebraciones por las cuotas que aportan en igualdad de condiciones los integrantes de las cofradías, por los recursos de la propia Junta (venta de revistas, tarjetas, murales, etc.) y por las subvenciones que recibe de las entidades públicas y privadas.

En estos años se logra acreditar en todo el país la Semana Santa como la singular manifestación de mayor arraigo en la Ciudad, creándose una serie de distinciones y actividades, organizándose la banda de cornetas y tambores y constituyéndose el Gabinete de divulgación y el Archivo Histórico, con todo el acervo de fotografías, hemeroteca, etc… La Semana Santa riosecana se engrandece con el título de Semana Santa de Interés Turístico Nacional en 1985 y con el Blasón de Turismo de la Junta de Castilla y León en 1988

El día 18 de febrero de 2000 se inaugura, en la reconstruida iglesia de Santa Cruz, el Museo dedicado a la Semana Santa de Medina de Rioseco.

En las últimas décadas aquí, en el corazón de Castilla, los cambios han sido notables. Después de siglos de existencia, se ha logrado renovar la belleza exterior, revitalizar la tradición y fomentar la atracción turística de la Semana Santa, consiguiendo que aquellos que se maravillan del valor artístico de nuestros pasos sientan además la llamada de la fe.

La Banda de Cornetas y Tambores de la Junta Local de Semana Santa.

A la aparición de nuevas tallas hay que añadir el crecimiento del número de cofrades, que en la actualidad representa aproximadamente un 40% del censo poblacional, que apenas oscila en la segunda mitad del siglo XX con algo más de cinco mil habitantes. Además, un número importante de estos nuevos cofrades son jóvenes, lo que garantiza un prometedor futuro para la Semana Santa, de la que todos los riosecanos se sienten, nos sentimos, orgullosos.

La Semana Santa de Medina de Rioseco es, sin duda, la que mejor expresa la manera castellana de sentirla. Entre todas las españolas ha ocupado y ocupa un destacado lugar. Esta expresión de la religiosidad popular, herencia directa de los cultos medievales, ha sobrevivido a los cambios producidos en la sociedad observando una constante: lo popular, lo familiar, el costumbrismo, de manera que la importancia de sus ritos constituye hoy no sólo un valor religioso, sino también social y cultural, una admirable amalgama que se mantiene inalterable a lo largo de la historia y que hace que esta celebración haya que verla, vivirla y sentirla.

PORTADA COFRADIAS TEMPLOS VOCABULARIO TRADICIONES CARTELES PREGONES PROGRAMAS MUSEO

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2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

anonimo

anonimo dijo

ESE JAVI K HACES YO AKI ESCUCHANDO AL PROFE NOS PESAO

24 Abril 2006 | 02:08 PM

semanasantaenrioseco.galeon.com

semanasantaenrioseco.galeon.com dijo

Lo suyo sería que se citase la procedencia de los escritos ¿no?

22 Mayo 2007 | 11:59 AM

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